Que Dios nos agarre confesados es la frase coloquial empleada, cuando vemos que las cosas no van bien y pueden estar peor. Esa oración, marca la esperanza, de que al menos cumpliendo el ritual humano de decir a otro nuestras culpas, quizá Dios nos perdone ante la inevitable muerte. La sentencia en sí, puede referirse a la acción de arrepentirse y creer en el creador de la vida. Arrepiéntete y cree en mí dijo Jesús, nunca mencionó, ve y cuéntaselo a quien más confianza le tengas y luego vienes para que te reciba.
El ser humano tiene necesidad de creer en Dios y si no lo hay, cuando menos creer en algo. Las culturas antiguas adoraban a la lluvia, la tierra, el sol, la serpiente, otras personas, piedras, patas de conejo, pinturas, estampas, collares, monedas, visitantes del cielo, el fuego, el agua, el viento, la vecina de la esquina, el vecino, el nahual, la muerte. Algunos necesitamos creer en algo para subsanar la incertidumbre ante la muerte o los hechos adversos de nuestra vida.
El hombre necesita de algo superior, trascendente, con quien pueda negociar su futuro, donde hacer el bien se convierte en un chantaje humano-divino. Donde se propone al ser supremo un trato. Si me das trabajo, dejo de beber. Si mi mujer me perdona, seré un buen padre, si mi hijo se cura, me corto el pelo. Ser mejores en este contexto es condicional y no permanente. Los seres vivos no cambian para ser mejores, sino por los beneficios que pueden obtener.
Renovaos por la transformación de la mente, de la forma de entender las cosas de manera positiva, buena y productiva, dijo Jesús. De la llenura del corazón habla la boca, donde tus hechos son reflejo de la sabiduría divina del amor, donde nada es mas importante que el amor, el perdonar y pedir perdón, una acción difícil de ejecutar, cuando quienes te rodean son perfectos.
Dios no necesita del hombre, pero el hombre necesita creer en algo, aunque sea el ateísmo, para explicar las consecuencias de su vida y futuro.
Lo triste es que sabiendo el hombre que esta haciendo mal, roba, miente, mata, promete, engaña, ofende, murmura, odia, agrede, calumnia, viola, droga, chantajea y abusa de otros seres vivos… Lo sigue haciendo, como si fuera eterno, perfecto y nadie fuera digno de reclamarle nada, todos deben soportar las consecuencias de su ego.
Quizá para cambiar el futuro de muerte en el mundo debemos cambiar la creencia de ser necesarios para convertirnos en útiles y servir porque se quiere y puede, no sólo porque nos conviene, de modo que el futuro apocalíptico que ya vemos, en medio de guerras, calentamiento global, abuso de menores, trata de personas, dogas, inseguridad y muerte, se convierta en un futuro de paz, vida y amor.
Licenciado en Comunicación por la UAEM
Maestrando en Periodismo Político por la Carlos Septién
Pedro_gomez77@hotmail.com