Egresé hace poco más de 10 años de la universidad, luego de tantos años el destino de algunos de nosotros se fue resquebrajando año con año; y es que solemos ser esclavos de nuestras propias palabras, nada nos compromete más que lo que juramos ser y al final, por diversas circunstancias no terminamos siendo.
Identificar que somos contradictorios, nos hace humanos; pero entender que nos hemos contradicho es difícil; aunque siempre es la pauta para mejorar constantemente.
Tuve un compañero que en los últimos semestres nos compartió su meta, vivir de rentas; trabajar en bienes raíces para en unos años dejar de trabajar; curiosamente pocos querían trabajar con él porque no tenía interés por eso precisamente, por trabajar. Desde ese entonces lo sencillo romanceaba con su estilo de vida. Varios años después de haber egresado me lo encontré tocando la guitarra en el transporte público; no saludamos amablemente. Un deseo fue obstruido por algo que desconocemos y esa sencillez que era su estandarte de vida, había sido cambiado por el de trabajar.
Otro compañero ahora tiene varias tiendas de abarrotes, económicamente le va muy bien y se la pasa alardeando de eso, de lo mucho que gana. Eso sí, cuando teníamos 18 años durante unos tragos nos dijo que iba a ser presidente de la república. Ese caso en particular me hace recordar una frase de un maestro universitario, justo en el primer semestre: “Quien no vive como piensa, termina pensando como vive”.
Profesionistas finalizan carreras que no querían y alardean lo mucho que la aman, se percibe una obligación casi inconsciente de que forzosamente debemos estar haciendo algo que nos gusta; aunque no sea así, la sociedad condena a quienes no aman lo que hacen. Entonces todos se ven obligados a mentir. Y sí, puede que hasta la encargada del departamento de Control Escolar en cualquier escuela diga que ama su trabajo.
No es ninguna sorpresa que hay muchos trabajadores con empleos informales que generan más ganancias que cualquier profesionista. Entonces ¿Por qué estudiar la universidad si no es garantía de un éxito económico? Mi respuesta atrevida es: Prestigio.
Precisamente durante mi etapa universitaria conocí a Francisco Cruz Jiménez, periodista mexiquense reconocido a nivel nacional, se me quedaron grabadas varias frases de él, entre ellas: “Si quieres ser famoso hay varios caminos para lograrlo, si en lugar de la fama prefieres el prestigio de ser reconocido sólo por algo que tú haces, entonces hay que ponerse a estudiar y trabajar”.
El prestigio de un título universitario es una carta de presentación de alguien que resuelve cosas tan específicas que no cualquiera puede, de ser llamado y solicitado porque no hay otra persona que pueda resolver, crear, construir, elaborar, analizar, solucionar, implementar, curar o planear. No sé si ganar mucho dinero, aun trabajando en un empleo informal alcance a entender la satisfacción de ser reconocido como alguien específico en el mundo, esa satisfacción de obtener lo que pocos tienen y de enfrentar problemas que no todos padecen.