Hace unos días, en este diario se publicó la presentación de un informe de las asociaciones Eco Renacimiento y Cometa, relacionado con los hechos de tránsito ocurridos en el valle de Toluca durante el primer semestre de 2022. Conforme al registro, se tuvieron 122 decesos y 334 lesionados, a consecuencia de 453 siniestros, el 60% en las vialidades de la capital mexiquense, por lo cual ésta se coloca en el quinto lugar a nivel nacional en este tipo de percances.
Evidentemente, la ciencia y la técnica han desarrollado medios de transporte terrestre efectivos, rápidos y cómodos, con una contribución al progreso altamente significativa. Sin embargo, en absurdo contraste se tiene el fenómeno de los tantos acontecimientos trágicos, cuya frecuencia es motivo de preocupación en el mundo actual, dado el elevado costo en vidas, lesiones y daños materiales, aunado a las varias formas de contaminación y el sinnúmero de molestias causadas por la densidad automotora y las caóticas formas de circulación.
La Organización Mundial de la Salud aporta datos impresionantes, pues debido a estos accidentes se estima un promedio anual de un millón 350 mil individuos fallecidos, la mayor parte en el rango de 5 a 29 años de edad, y de entre 20 y 50 millones con traumatismos no mortales, aunque muchos de ellos originan discapacidades de magnitud diversa. Según el organismo, el 93% de dichas muertes tiene lugar en los países de ingresos bajos y medianos, donde se halla menos de la mitad de los vehículos matriculados en todo el planeta.
Como lo refleja el referido estudio local, la situación ha empeorado en la generalidad del territorio nacional, y en ello incide directamente la ineptitud y corrupción de las autoridades, al no darle al problema la atención necesaria, mediante la aplicación de políticas serias y medidas de prevención bastante más efectivas. Datos del Instituto Nacional de Salud Pública ubican al país en el séptimo lugar de la escala mundial y tercero en Latinoamérica, con 24 mil decesos en promedio al año, destacando en la estadística los jóvenes de 15 a 29 años de edad.
Varios factores pueden contribuir a la solución de tan grave amenaza a la salud de miles de personas, entre los cuales están la correcta planificación de la zona urbana, el diseño de una movilidad eficaz; el estricto control de la velocidad e intensas campañas de información, encauzadas a incrementar la toma de consciencia sobre los riesgos de un mal manejo de los automotores y las sanciones asociadas en caso de infringir la ley.
Asimismo, es obligado identificar en las y los operadores una actividad muy bien aprendida y mejor desempeñada, donde los hábitos y conocimientos permitan la adecuada interacción del conjunto formado por la máquina, el ser humano, las vías públicas y el medio ambiente. La conducción de un vehículo involucra aspectos muy importantes, como son los de naturaleza técnica, psicológica, sociológica y ética, y cuya integración, tratándose de sujetos racionales, plantea un concepto de valor ineludible: comportarse con respeto hacia las normas, cuidando siempre la seguridad propia y la de los demás.
Frente a la incapacidad e indiferencia de gobiernos ya rebasados, la sociedad debe oponerse al desastre, combatir las conductas nocivas y jamás resignarse a simplemente observar el deterioro acelerado de pueblos y ciudades. Es urgente crear escenarios de convivencia ordenada, tolerante y sensata, no sólo con el fortalecimiento de la educación vial, sino haciendo de nuestros espacios lugares de cultura, paz y progreso permanentes.
Ingeniero civil, profesor de tiempo completo en la UAEM.
juancuencadiaz@hotmail.com